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Las cosas que no sabía que iba a extrañar

Eze me pidió que escriba una lista de cosas de Uruguay que me sorprendí extrañando en Alemania. Me propongo entonces el raro ejercicio de escribir un post a medida, con un objetivo marcado por otra persona. Algo que si bien he hecho ya en alguna oportunidad, nunca lo había intentado con un tema así de personal.

En un primer momento pensé que esa lista sería relativamente trivial de elaborar. Después de todo, al llevar más de tres años viviendo lejos del país, hay una gran cantidad de cosas que extraño. Sin embargo me encontré añadiendo algunas que si bien son distintas a ese “allá” y aunque me molestan bastante, no puedo decir que extraño.

Podría mencionar por ejemplo lo incómodo que uno se siente al no poder predecir el clima, lo raro que es la incapacidad de orientarse dado que el sol está hacia el sur del cénit, o que el no dominar el idioma local convierta montones de tareas tan naturales como ir a una zapatería en algo que se pospone por semanas hasta que sea estrictamente indispensable.

Separar, entonces, las cosas que uno verdaderamente Extraña de la infinidad de incomodidades propias de vivir en otro sitio me exigió un esfuerzo ligeramente superior al que presuponía. Precisamente porque éstas últimas también generan muchos momentos de añoranza a la aparente simplicidad de la vida en el lugar que se dejó atrás.

Armado entonces con una lista tentativa, me dispuse a elegir de entre mis añoranzas aquellas que realmente no esperaba sentir. Porque estaba claro que yo iba a extrañar a mis afectos, la playa, los pan con grasa, etc.; pero esta lista, la que sigue, está compuesta solamente de las que no imaginaba tendría en la agenda de cosas para disfrutar en concentrado durante mis cortas visitas a Uruguay.

La lista de cosas que no imagine que extrañaría de Uruguay:

• Comida: la mayonesa, el pan, la pasta rellena y las galletas cracker
Una de las cosas que más me llamó la atención a mi llegada fue la falta de mayonesa decente y de galletas cracker. Uno puede entender que la gente acá consuma marcas alemanas, algo que por ejemplo impide adquirir snacks de frito-lay, pero para esto al menos existen algunos subrogantes (cheetos sabor a mani, anyone?); mientras tanto las marcas de mayonesa locales son intragables y la categoría de galletas cracker está completamente ausente en los supermercados. Hay otras cosas sorprendentemente inencontrables, y muchas de ellas pueden conseguirse en sitios como mate-tee.de, pero estas dos me dejaron atónito y hambriento. (Y parece que no soy el único)

A pesar de la cantidad agradablemente alta de restaurantes y tiendas de comestibles italianos en Munich, la pasta rellena de calidad es casi imposible de hallar. Yo tenía claro que la densidad de fábricas de pasta por habitante de Montevideo es más alta de lo normal, pero nunca imaginé que añoraría un simple plato de ravioles de ricota.

Por último, lo que más extraño acá es el pan. El tipo de pan más popular en Alemania son las mil variantes de Sauerteig, cuya receta consiste en fermentar un engrudo de harina integral y meterlo al horno, obteniendo como resultado un bollo muy denso, seco y ácido que se usa principalmente como sustituto de las galletitas cracker que desconocen. Nosotros, mientras tanto preferimos panificados más similares a la baguette francesa sobre todo porque le damos un uso diferente, les ponemos manteca o los mojamos en la salsa de los ravioles.

La consecuencia es que en los restaurantes resulte raro que se sirva pan blanco para acompañar la comida, incluso en los italianos, y que cuando esto sucede su calidad sea bastante mala, algo que también se aplica a las baguettes comprables en las panaderías.

Esto es consecuencia básicamente de la actitud despectiva que tienen los locales para con el pan blanco, que consideran soso, blando y bueno, de segunda. Lo interesante, además es lo sensibles que son a este tema. Uno de mis primeros faux pas al llegar acá fue responder de forma honesta y directa a la inevitable y recurrente pregunta acerca del pan local, algo que he aprendido a manejar de una manera más diplomática, explicando la diferencia en el propósito que tiene el pan para nosotros y que por lo tanto, a pesar de gustarme el suyo, no es parte de mi dieta normal.

• La lluvia, las tormentas y las nubes
Manejando bajo lluvia
No, sí, acá llueve, pero esas lluvias copiosas con truenos que duran todo el día son muy raras. También se extraña el cielo color plomo, el que te sugiere que las nubes tienen kilómetros de espesor, porque acá siempre dan la impresión de ser una capa más bien fina y pasajera, aún a pesar de cubrir el cielo por semanas enteras. Justo ayer visitando la sección de pintura flamenca del siglo 17 en la Alte Pinakothek, noté la diferencia entre las nubes de De Koninck (que son claramente europeas) de las retratadas por Frans Post en su viaje por Brasil. De lejos me di cuenta de que las de Post eran pinturas del Sur.

• El Atlántico Sur
Extrañar el mar es algo casi universal para la gente que creció en la costa. El olor a sal en el aire, el ruido de las olas a la distancia, la imagen del horizonte lejano. Estas cosas eran por supuesto previsibles, pero si bien mis visitas al Mediterráneo han mitigado en buena medida ese sentimiento, sus aguas azules no hacen mella en la visceral necesidad de ver las olas verdes y gordas destrozarse contra la orilla. El color y la fuerza del Atlántico sur es algo que necesito y que no sabía que necesitaba.

• La libertad
Multando ciclistas
Comprendo que decir que me sorprende extrañar la libertad suena como mínimo algo dramático. Pero la realidad es que, al menos en Munich, la gente transmite cierta paranoia a la vez que te recuerda a cada momento cuales son los límites a los que estás constreñido al vivir acá. Por ejemplo aquello de que los perros no pueden ladrar de noche, o como me contaron esta semana, que a un amigo el vecino del edificio de enfrente le dejó una carta en el buzón donde lo conminaba a comprarse unas cortinas porque la luz de su living le molesta para dormir. Ustedes se reirán, pero yo he recibido cartas así, y llamar a la policía porque el bebé del vecino está llorando de madrugada es algo normal acá. Entonces, cuando al salir de cinemateca18 hace unos meses crucé con roja Yaguarón, aún cuando venía un patrullero por esa calle y me di cuenta de lo bien que se sentía no tener miedo a que me multen, pidan el pasaporte, practiquen un test de drogas y saquen puntos de la libreta de conducir, entendí que extrañaba la libertad.

Debo aclarar que Munich es particularmente jodida al respecto, tanto que al visitar a un pibe que recién se mudó a Frankfurt, de las primeras impresiones que nos dio fue “Lo bueno es que acá se puede andar contramano en bici aún borracho, sin luces y de noche y la policía no te dice nada”.

• La soledad, quiero decir, el estar en un lugar sin gente
Eso de que a donde quiera que vayas haya siempre alguna persona a la vista, siempre.

• A mi con mis amigos
Hace no tanto me di cuenta de que una de las cosas que extraño al estar lejos de mis amigos es a mi mismo, a la persona que soy al compartir el tiempo con determinada gente.

• Los supermercados
En Alemania hay dos clases de supermercados. Por un lado están los baratos (penny, lidl, aldi) que pueden ser comparables solamente con los comercios de comestibles más chicos del Chuy, esos cuyas góndolas consisten en cajas de cartón colocadas en el suelo, de donde uno tiene que sacar los paquetes de azúcar rompiendo la funda de plástico que los contiene. Éstos son los más populares y donde la mayoría de la gente suele comprar con el objetivo de ahorrarse diez centavos en el Kilo de tomates.
La segunda categoría está compuesta por supermercados más parecidos a los disco de barrio, también son pequeños pero intentan ofrecer la apariencia de un servicio superior al tener góndolas propiamente dichas, estar mínimamente mejor iluminados y cobrar más caro.

De más está decir que yo frecuento la segunda clase, pero esto no resuelve los problemas que aquejan a ambas categorías por igual: en general son bastante sucios y desprolijos, las colas en las cajas son largas (algo que conlleva la desventaja de tener que soportar a la peor clase de alemán posible, el que espera para pagar en un super), la oferta de productos es bastante limitada, cierran como todos los comercios a las 8 de la noche más todos los domingos y feriados imaginables, y por ultimo y más importante, se quedan sin stock de muchos artículos por varios días. Y hablo de cosas básicas, como tomates, pan, coca cola, o incluso cerveza, sí cerveza, en Munich.

Extrañar estas cosas de los supermercados me resultó tan sorprendente a mi como a los alemanes a los que se los he mencionado. Acá nadie entiende cómo puedo extrañar los supermercados (bueno, casi nadie). Mi teoría es que están tan acostumbrados a estas falencias que ni siquiera son capaces de percibirlas y mucho menos imaginar que alguien pueda extrañarlas. La otra posibilidad es que extrañar un supermercado sea algo ridículo y frívolo. Algo que tampoco descarto.

• Manejar, y además manejar borracho
Los uruguayos que vienen a vivir a Alemania pueden conducir con su libreta durante los primeros seis meses de estancia en el país, luego de eso es necesario tomar los exámenes teórico y práctico para obtener una local. No voy a contar ahora lo difícil y caro que me resultó ese proceso. Pero la consecuencia es que en estos últimos 3 años he manejado muy muy poco y lo extraño de una forma que no imaginé. Pero además de la actividad de manejar, lo que extraño también es vivir la ciudad en la que habito desde detrás de un volante. Yo no lo sabía, pero una parte muy importante de la sensación de apropiación de una ciudad es, para mi, el poder moverme naturalmente por sus calles en auto.

Y para agregar la perla políticamente incorrecta del post, debo confesar que también extraño, y mucho, el conducir con mis sentidos alterados por el alcohol. Algo que dudo vuelva a hacer de forma habitual incluso cuando viva en un sitio menos policial que este.

• El sol, su fuerza, pero sobre todo su falta durante el invierno
Sol del mediodía
Por último, extraño el Sol. Lo extraño por su debilidad durante todo el año, lo extraño porque nunca está arriba, porque jamás vuelve diáfanos los colores del paisaje, pero sobre todo lo extraño porque durante varios meses directamente no está. En invierno la única oportunidad de verlo es al mediodía, durante la hora en que se asoma por encima de los edificios, pero eso solamente sucede si el cielo no está gris, y cuando esto pasa lo que se ve es comparable con una luna en cuarto menguante.

Como ven, la lista está compuesta tanto por cosas extrañables en tanto lejos de casa, donde quiera que sea ésta, como de cosas que solamente se pueden echar de menos al estar en Munich y al alejarse de Uruguay. Hay muchas razones para extrañar y el deshilacharlas una por una es un ejercicio muy interesante, tan interesante que me dejó cavilando en la lista casi simétrica a la que acabo de describir, y que también les dejo a continuación.

Algunas cosas que sé voy a extrañar de Munich

• Andar en bicicleta por la ciudad
Acá mi principal medio de transporte es la bici, entre otras cosas porque es el principal vehículo de la ciudad. Andar en bici en Munich fácil, rápido y seguro, claro, luego de acostumbrarse a no andar a contramano en las bicisendas y tener la chiva en regla.

• La escala de la ciudad
Vivir en Montevideo implica traslados de decenas de kilómetros para hacer casi cualquier tarea, algo que implica tiempos de desplazamiento largos, tanto sea en auto como en bondi. En ese sentido Munich es casi lo opuesto, donde yo vivo todo está a walking o biking distance, y cuando eso no pasa, el sistema de transporte público acorta las distancias de manera sustancial, aún siendo relativamente caro comparado con el de la mayoría de las ciudades europeas (2.30€ cada viaje)
Nota: Montevideo y Munich son comparables en extensión y población. Lo digo porque me reclamaron que si vivís en una ciudad de verdad, como Buenos Aires, eso de andar horas en bondi para ir a laburar es indispensable.

• Comida: el café, la pizza y los breze
Estoy seguro de que voy a extrañar el poder tomar un espresso decente en casi cualquier bar, la pizza de los restaurantes italianos que abundan en la ciudad y los breze, seguro que los breze.

La lista cien por ciento simétrica imagino que debería constar de las cosas que estoy seguro no voy a extrañar, pero esa se me antoja un complemento demasiado negativo para la idea original de Eze. Tal vez les cuente en algún momento si me equivoqué o no con esta yapa y podré armar la lista de las cosas que no imaginé extrañaría de Munich.

Al otro lado del río

El Muffathalle ha sido desde que llegué a Munich el escenario de espectáculos que más he frecuentado. Es un lugar simpático, cerquita del río, y con ese seudoglamour que las naves industriales tienen al ser convertidas con esos fines.

Éste lugar, me enteré anoche al contarle por chat a un amigo lo que les relataré a continuación, fue construido a finales del siglo 19 y albergó la primer planta de generación eléctrica a vapor de la ciudad. Hace algo más de una década pasó a manos estatales y luego de siete millones de marcos tenemos ahora un pub, una disco, el escenario que les mencioné y un simpático Biergarten donde todo, hasta la cerveza, es “bio”, como la moda indica.

No termino aún de decidirme si la acústica del lugar es horrible o decente, pero lo que sí me queda claro es que los sonidistas tienen mucho que ver en lo que la caja de ladrillos puede dar. Por ejemplo, cuando vi a The Streets el año pasado, básicamente se escuchaba una bola de ruido ininteligible, mientras que con Eels la cosa estuvo bastante bien.

Cuando llegue anoche, cansado y recuperándome de un virus que me tuvo el fin de semana con la energía en 10%, la poca gente que había estaba de buen humor. Es que finalmente ayer volvió el calor que nos venía rehuyendo desde mayo, y eso nos pone a todos contentos. Pasé el control de la puerta y me dediqué inmediatamente a escudriñar a la concurrencia, algo que siempre es interesante en estos casos, porque la mezcla de Alemanes latinófilos y latinoides locales es siempre digna de verse.

Y no me equivoqué.

Luego de encontrar un par de caras conocidas, y a un ex compañero de oficina flanqueado por dos rubias que le desentonaban, noté que frente al escenario propiamente dicho habían unas tres o cuatro parejas bailando tango al ritmo de una base más bien dub, pero con samples de “Por una cabeza” super filtrados. Esto no me sorprendió demasiado. Los alemanes son conocidos por su devoción al tango y ya he aprendido que acá los cursos de baile son tan comunes como el esquí, el mountain bike o el gimnasio, son una actividad que se hace un poco porque es divertida y otro poco porque, bueno, debe hacerse.

Una noche del 2002, buscando qué hacer en un miércoles al pedo, manoteé un programa impreso en papel demasiado caro para las circunstancias que había levantado el fin de semana anterior en el recientemente abierto Pachamama. No recuedo bien lo que decía, pero hablaba de tango, electrónica, Campodónico y Supervielle, razón suficiente para reclutar a mi hermano y tirarnos hasta ahí. En aquel entonces yo estaba tratando de recuperar el tiempo perdido en la universidad, intentando una adolescencia tardía de música entre semana y con la convicción de haberme perdido de ver en vivo lo que suponía me habría gustado en los noventas, como Plátano Macho, el Peyote Asesino y lugares como Amarillo.

Nos gustó mucho, pero más nos gustó, lo reconozco, tener la certeza de que aquello era el comienzo de algo bastante salado. La reinterpretación de los elementos del tango en claves contemporáneas, especialmente apelando a lo bailable, era algo completamente nuevo para mi, y sentía que me devolvía la capacidad de sentirme parte de esos sonidos que llevaba metidos debajo de la piel por el simple hecho de vivir en Montevideo.

Todo esto a la distancia suena bastante naif y cursi, pero era lo que en ese momento pasaba por mi cabeza cuando mi hermano me habló de Santaolalla. Yo nunca había oído hablar del tipo, y creo que nada de lo que escuché hasta ahora haya sido más que críticas. Aunque en este momento al, intentar enumerarlas, todas suenan bastante al cliché del productor de La Industria, que vapulea, roba y le hace perder la identidad a los músicos que quieren vivir de la música y tienen pocos escrúpulos. Incluyendo el resentimiento de los fans por las rupturas de sus bandas favoritas a manos del éxito comercial. A mi me parece un tipo que es bueno en lo que decidió hacer. Una persona que dentro de las reglas del juego que escogió jugar es alguien con éxito, y creo que eso es respetable a independientemente de la opinión que tenga sobre esa actividad. La analogía que me viene a la cabeza es la de un torero famoso: desagradable, pero meritorio.

El arco descripto entre aquel pequeño show en Montevideo y el de anoche en Munich es muy grande. Ellos sacaron varios discos con resultados muy dispares, hicieron montones de giras y hasta metieron a Elivis Costello en el baile. Yo por mi lado estrené mi primer cámara digital sacándoles fotos a ellos, y este blog sigue recibiendo buena parte de su tráfico de google debido a esas primeras fotos. En Morini, con una gripe increible ví, atónito, a los contra las cuerdas hacer “vendedores” en la fiesta de presentación del primer disco de bf, sin imaginar que luego les terminaríamos haciendo el website con Juan. Yo nunca había visto hip hop en vivo hasta ese momento.

Cuando me acerqué al escenario la cantidad de parejas que ensayaban pasos de tango eran ya cerca de veinte. Había de todo, algunos, los menos, eran claramente rioplatenses; habían parejas recién formadas, cosa que se notaba por la torpeza y sobre todo incomodidad ante el indispensable contacto corporal. Las edades también variaban mucho, desde veintipoco a sesentaytantos, incluso dentro de cada pareja. Vi también a una rubia veterana sacar a bailar a un desconocido que se aprontaba al borde del círculo de espectadores que se estaba formando.

Mientras miraba, entre incómodo y sorprendido por aquel improvisado espectáculo, noté que en el corredor que va para los baños había una pendeja en un vestido de fiesta dejando sus championes contra la pared mientras se ponía unos zapatos con taco de aguja, y al examinar al resto de las y los bailarines, descubrí que más de la mitad tenía “zapatos de tango”, mientras que al rededor de todo el recinto habían varios pares de “zapatos normales”. La rubia, entonces, se paró al borde de la pista a esperar que alguien la saque a bailar, estaba sola.

Cuando por fin la banda se colocó en su sitio los aplausos rompieron la incomodidad en la que estaba inmerso. El solo de violín con el que Casalla arrancó el show dejó a todo el mundo en un silencio que acentuó el golpe sonoro de la base y la batería de Grand Guiñol. Yo no los había visto con batería todavía y suenan muy muy fuerte. Tan fuerte que por casi un minuto la gente quedó completamente congelada, tardando tal vez un poco más de la cuenta en aceptar que esta gente no estaba ahí para hacerlos bailar el dos por cuatro.

Yo por mi parte olvidé el estado semigripal y disfruté de la extraña sensación de estar en Munich y en un sitio familiar, pero jamás tan cercano como la música y la banda que tenía en frente. Santaolalla dio muestras de ser el dueño de la banda. El amplificador y el monitor de su guitarra estaban tan fuertes que no me explico cómo podían tocar los demás sin entreverarse, pero como nunca estuve encima de un escenario tal vez me equivoque fiero. Lo que sí tengo claro es que cuando tocaron Miles de pasajeros sin billy, no tuve más remedio que rapearles la letra original a los alemanes que tenía al lado, excepto, claro, cuando Supervielle encajó sus rimas en francés.

Como me dijo camilo por chat anoche, al final, ganó Plátano Macho nomás.

Schattenparker

A los alemanes les fascina comer al rayo del sol.
Cuanto más caluroso e insoportable esté el mediodía bávaro, mayor será la cantidad de gente masticando un Leberkäs al sol.
Nosotros, que comprendemos la falta de aire acondicionado (como concepto) en estas tierras, dudamos de los motivos, intuimos que la razón no es que solamente sea necesario enfriar una oficina 20 días al año, sospechamos que disfrutan sudar como chanchos.

finale

Solamente para terminar la pequeña serie de la Eurocopa.
El domingo a la hora del partido estaba en el Old Trafford Cricket Club de Manchester, donde la final no desvelaba a nadie.
Bueno, a casi nadie. Porque en el medio de la marea humana, que intentaba agitar con Bodysnatchers, un gallego al escucharme hablar español pregunta “¿Sabéis cómo ha salido España?” y ante mi “no tengo ni idea”, responde “¡pues ha ganao uno a cero!”.
Y no lo vi más.

simulcast

Hacia las 8 de la noche se largó a llover salado, por digamos una media hora descargó la tormenta de verano sobre Munich, aguando la previa de mucha gente.
Eso fue lo que se vio por la tele cuando le tocó al móvil del Olympiapark. En Berlin, Frankfurt y Estambul brillaba el sol, y todo era fraternidad germano-turca. La transmisión, que luego se cortó repetidas veces durante el partido, arrancó como a las siete y media con una simpática cuenta regresiva sobre las banderas unidas por una globa. Poéticamente cursi.

En ese momento, se da el siguente chat

7:54 PM Camilo: estás en el biergarden?
me: no no
llovió recién
7:55 PM asi que cambiamo de planes
iremos a un bar
estoy por salir
Camilo: que full
pa, que increible bo…
vas a ver una final peñarol – defensor en alemania, con terrible ambiente, en un bar…
7:56 PM que salado

Obviamente, yo no tenía ni la más pálida idea de la final del uruguayo, pero rojadirecta mediante puse vtv, y vi el comienzo del partido que terminó como yo quería, justo antes de salir a ese bar a ver el que no.

partido

calor, fobal y nacionalismos

Me preguntan, repetidas veces en estos días, si por acá le dan bola a la eurocopa (Europameisterschaft, Euro o simplemente EM), y la respuesta es que básicamente no se habla de otra cosa.

Desde hace un mes que Austria suspendió las comodidades del Schengen, por miedo a los hooligans, aunque emitiendo una visa combo euro 2008, que valen en Suiza también. Los cuerpos de policía están reforzados por alemanes pero vistiendo el uniforme Austríaco, y hay una ley específica que permite el uso de la bandera roja y blanca en los autos durante la copa. Y Viena es un caos, con las avenidas cerradas al tráfico y vendedores haciendo huelga por el síndrome baño del papa.

Eso solamente en Austria.

Acá se disfruta bastante. Hace mucho calor, y las noches son entonces ideales para ir a un Biergarten (al que ayer le describí a un amigo como “sitio arbolado con mesas y bancos de tomar cerveza, donde venden esa bebida y uno puede llevar las vituallas para picar“) y mirar el partido en las pantallas y televisores colocados a tal efecto, tomando mientras un Maß, o dos.

Lo particular, para mi, es ver como cada noche cientos de personas del país ganador de turno, salen a festejar como si Munich fuera la capital de Italia, Rusia o Turquía (aunque a veces le cueste la cárcel a alguno).

Y precisamente hoy, cuando jueguen los turcos contra los alemanes, gane quién gane sucederá algo especial, aunque nadie sabe bien qué.
La efervescencia se nota ya en la calle. Ayer la italiana que nos atiende sonriente cada vez que le compramos el almuerzo, nos dijo que la semana que viene comeremos o Kebab o Paella, y lo dijo con el dolor fresco de la derrota con España. Y para seguir con las repercusiones alimenticias, hoy en el almuerzo todos concordaron que por al menos tres semanas, no se puede comer Dönner, sin importar el resultado.

Y también se nota en los medios. Hoy la portada del Süddeutsche Zeizung (a los que muchos alemanes consideran el mejor del planeta) apunta a una nota sobre el partido escrita en turco, y las reflexiones sobre el impacto en la “integración” están a la orden del día.
Ayer en laDiaria levantaron la noticia del gaffe que se mandó nada menos que el informativo del canal estatal más visto en el país. Ese en que precisamente reportando sobre el partido que transmitirán hoy de noche, pusieron la bandera alemana con las rayas desordenadas (rojo-negro-amarillo, en vez de negro-rojo-amarillo) , y que claro, ahora los de spiegel.de convirtieron en un online quiz, porque, a cualquiera le puede pasar :)

Mañana les cuento.

Este fue un post de varieté, como para que pierdan el tiempo leyendo links.

La bajada

En Munich la bajadita de fin de año es un poco diferente a la Montevideana. Saben de que hablo, esa sensación que se instala aproximadamente a mediados de noviembre, donde todo empieza a posponerse hasta marzo.

Para empezar, esta gente se empeña en llamarle año a un período que no empieza ni termina en Verano, cosa que evidentemente afecta el significado de estas fechas.
Para nosotros, la bajada es un una pendiente suave, por donde uno se va deslizando lentamente, hasta terminar tirado en una playa a mediados de enero, recuperándose de la resaca de las dos últimas semanas de diciembre.

Para los locales, esto es más parecido a la caída libre de una montaña rusa. Que arranca el próximo sábado con la Wies’n (la Oktoberfest), sigue con halloween, pasa por navidad y termina en año nuevo, o Silvester, como le dicen acá.

Todo esto se sentirá en la calle, en los comercios, y en el campo, donde ya se empezaron a ver los montones de calabazas de donde uno puede comprar las que quiera simplemente poniendo el importe apropiado en la cajita solitaria clavada en un poste.

Por ahora tendremos unos días más de aire relativamente tibio, arboles con hojas, seis millones de litros de cerveza y seis millones de turistas. Todo eso desaparecerá la primer semana de octubre. Cuando queramos acordar estaremos enterrados de cabeza, a principios de enero, en un par de metros de nieve.

Endemientras intentaré escribir una serie de pequeños posts acerca de mis impresiones de Alemania y los alemanes, luego de un año de vivir acá. Quiero aprovechar este momento en que ya conozco lo suficiente como para poder decir algo, pero siendo a la vez todavía un outsider.

Este punto de vista un tanto naif es algo que supongo iré perdiendo de a poco, y que quiero precisamente por eso, aprovechar ahora.

Bis später.