¡Como te esperaba!

El calor llegó.
Enero, el mejor mes del año, nos trajo lo que tanto esperaba, el bendito calor.

Anoche, por primera vez en la «temporada», me vi obligado a tener la ventana y puerta de mi dormitorio abiertas para poder conciliar el sueño… el ventilador no es necesario todavía.

Acerca de esto, y sin una sola pizca de sarcasmo, puedo decir: ¡al fin!

El verano comezó, bring it on!

The biggest market is in the smallest sales

I’ve always felt that there is something illogical or unnatural about the world economy regarding this issue. For at least the past couple hundred years or so, the world’s wealth has been built upon serving a tiny fraction of the market.

However, the popularization of some technologies in this «top market», which enables the harnessing of the long tail as a marketing strategy, should not be mistaken with the ability to include the rest of the world in the consumerism community, provided that the latter is believed desirable.

Comentario en un post de The long tail, que compara el concepto inspirador de ese blog, con el acceso a mercados de bajos ingresos, osea, la mayoría de la población mundial.

Navidad blanca

Botellas plásticas de sidra sobrevuelan a la multitud, bajo un cielo por momentos gris, por momentos celeste. Su objetivo es un pibe montado sobre un quiosco de revistas, devenido en pedestal.
Por un instante me ciega un chorro de cerveza, producto de una escaramuza cercana, de las tantas de ese mediodia, previo a la navidad montevideana.
Todo el barrio huele a alcohol, desde varias cuadras puede uno saber que cerca de ahí hay many times 70 o 150 pesos regando el pavimento.

Me doy vuelta y veo varios vecinos refrescando a un grupo de gente con una manguera, más allá, con baldes y palanganas, la gente se los agradece con gritos de «feliz navidad«, a pesar de que ésta recién llegará, con lluvia y niebla, unas 8 horas más tarde.

Espontáneamente, de la nada, entre las sambas y los candombes que musicalizan la tarde, la juventud de la clase media alta de Montevideo, en uno de sus últimos días en la ciudad, antes de emigrar a Rocha, corea algo que escuchó en MTV, canta las notas que Jack White toca en su guitarra en Seven nation army. Y lo corea como sólo los rioplatense sabemos hacerlo, convertido en canto de hinchada, tal como si fueran las notas de «señor cobranza».

Unos minutos más tarde, bajo una bomba de agua, y bancándose el viento, la multitud arranca «pal toque de la vela», bailando solamente al ritmo de la canción de los White Stripes, porque las bandas de percusión resguardaron sus instrumentos de la lluvia. Esa peregrinación al Parque Rodó, ambientada con una música que todos conocen, aunque muchos no identifican su origen, es el preludio de dos días domingo consecutivos, fríos, lluviosos, llenos de tedio, en una navidad atípica. La esperanza del calor, la playa y el 31 en el mercado, es lo que levanta el ánimo de la ciudad.
La fiesta recién empieza.