Realidades

La persona que va a traer a los Rolling Stones en febrero consiguió, o esta en vias de conseguir, exenciones impositivas y seguramente, el estadio gratarola.

Anoche la masa de concurrentes del toque de las Manos de Fillipi, casi hace que el piso de Pachamama se desmorone dentro de Milenio, cosa que obligó a acortar el espectáculo a la mitad.

CLC y La Mala Rodriguez en Montevideo

Fotos del toque de Contra las cuerdas y La Mala Rodríguez en Montevideo
Da Vinci, se colmó el 12 de mayo de una forma que a mi me tomó por sorpresa. El tamaño del lugar hizo que tema asistir a un desapasionado concierto en un recinto casi vacío, pero por suerte me equivoqué completamente.

La mala rodriguez en Montevideo

Tomé dos videos pequeños, para captar el ánimo de la concurrencia. Unos segundos de La Niña(2Mb), y algo más de un minuto de Tengo un trato(7Mb), tema con que se cerró el espectáculo.

Realmente, el show lo dieron los espectadores. Montevideo no se caracteriza por ser un público cálido ante artistas poco conocidos y menos dentro de un ambiente semi under como lo es el hip hop acá. Cuando el año pasado fuimos con unos amigos a Buenos Aires, a ver a los Wu Tang Clan, los presumiblemente más colgados porteños no agitaron ni la décima parte, y Obras quedó gigantesco para el evento.

Incluso CLC pudo disfrutar de un crowd compenetrado con la música, saltando y cantando con ellos, a pesar de tener mucho menos exposición mediatica que la Rodríguez (cosa injusta, por cierto).

Del espectáculo de la Mala, que fue bueno, y largo, tengo que resaltar a jotamayúscula, cuyo carisma y manejo del público explica en parte esa conexión con la gente. No se absolutamente nada de DJs, pero verlo acariciar esas las consolas (no hay otro término para describirlo) es impresionante.

18:03:52

Estuvo todo el día gris. No se veía ni un color. Caía una llovizna cada tanto.

Estuve todo el día buscando las palabras adecuadas para poner en el mail. Otra vez en la misma. Cansado de escuchar a mis amigos quejarse y decirme que abandonara. Yo sabía que ya había sido suficiente. Pero la ilusión me cegaba, me nublaba la determinación, y este corazón obstinado parecía tener dominio absoluto sobre mí. 30 años y nunca había sentido así. Tenía que valer la pena.

Me fui a esa hora especial. Con la esperanza de encontrarla y que todo fuera soñado. Ya estábamos pasados de mail. Era bueno poder concretar el encuentro personalmente.

La casualidad generada, esa que tan increíblemente funcionó y me torturó en tantas oportunidades y en tantos distintos lugares durante los últimos meses, volvió a funcionar. El ascensor paró en el 7. Subiendo. Demoró varios segundos, y continuó hasta el 10. Ahí esperaba yo con Rock n’Roll de Led Zeppelin a todo trapo. La puerta se abrió y vi lo que yo ya sabía. Ella parada en el medio y algunas personas más. Dije hola, previo abatatamiento instantáneo. Bajé mirando el piso, marcando el paso con el pie. Sonriendo porque otra vez había funcionado. La conexión es indiscutible.

Abajo marqué la salida y salí. Pero ella se quedó adentro. Esperé. La noté nerviosa. Al fin decidió salir. Yo no oculté que la iba a encarar. Ella ya sabía. Antes que nada dijo algo que no entendí. Pero cortándome, con los ojos me pedía por favor que me fuera. Ahí no sé qué fue primero. Pero intenté mostrar la intención de vernos el fin de semana, cosa que ella sabía perfectamente que iba a hacer. Y repitió ahora más claro. «Me lleva mi jefe». Inmediatamente apareció él y yo terminé de entender la situación. Entonces, sintiéndome de la forma más estúpida de todas las veces que me sentí estúpido a su lado, dije bueno, hablamos después. Y me fui caminando bajo la lluvia.

Ahora veo el mar desde el D1 y mis lágrimas saben a sal. Terminó de oscurecer. Ya no llueve. La rambla se ve mojada. Los botes y el reflejo de las luces del puertito a través de la niebla forman una postal inolvidable. Johnny Cash me canta One en los oídos. Cómo duele.

Sigue esa detestable ilusión peleando por hacerse oír. Tal vez mañana me manda un mail. Disculpándose y pidiendo para verme. Pero esta vez tiene que ser definitivo. Tengo que despertarme. Tengo que quererme un poquito más.

Debates

Los que me conocen saben que discutir es algo que me encanta, yo agrego que también disfruto enormemente el asistir como expectador a una buena discusión. El debate, el intercambio de ideas, especialmente en la discrepancia, me resulta una de las actividades intelectuales más interesantes que la gente inteligente puede realizar.

Por eso, quizás, es que me molesta cuando en el ámbito público, los asuntos que nos incumben a todos son resueltos de forma privada, quitándonos el derecho y placer de apreciar las negociaciones y debates al respecto.
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