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	<title>el Abra &#187; Secuencias de palabras</title>
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		<title>Viento norte</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Apr 2008 21:43:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Secuencias de palabras]]></category>

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		<description><![CDATA[El terral que soplaba esa tarde les traía desde el barcito playero y de forma intermitente, una balada melosa que bien podría ser de Drexler como de Jack Johnson. Ellos, sentados en la arena eran parte y a la vez espectadores de la dinámica que se desenvolvía a su alrededor. Reconstruían la noche anterior, miraban [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El terral que soplaba esa tarde les traía desde el barcito playero y de forma intermitente, una balada melosa que bien podría ser de Drexler como de Jack Johnson.</p>
<p>Ellos, sentados en la arena eran parte y a la vez espectadores de la dinámica que se desenvolvía a su alrededor. Reconstruían la noche anterior, miraban a la gente y decidían si comprar o no las empanadas vegetarianas para matar el hambre, o un agua para paliar el efecto del despiadado sol de enero. Nunca se acordaban de agarrar suficiente plata antes de salir.</p>
<p>l estaba incómodo. No había logrado persuadir a sus amigos de sentarse más cerca del mar, tenía calor y algo de resaca, pero sobre todo, su incomodidad estaba asociada con la gente que lo rodeaba. </p>
<p>No es que se sintiera incómodo con sus compañeros de campamento. Es verdad que no tenía confianza más que con uno o dos, y que a veces necesitara estar solo tanto como ir a mojarse en el mar en aquel momento. Pero lo que lo perturbaba era otra cosa.<span id="more-822"></span></p>
<p>Un grupito de gurisas se instaló cerca de ellos. l sintió que eran demasiado cliché, demasiado típicas de esa playa. Pareos al viento, lentes de sol grandotes, apuntes de alguna facultad, pañuelos en el pelo, voces fuertes, porro, y mucho protector solar. Un celular sonó, pero fue ignorado. </p>
<p>Es que había demasiada gente demasiado típica en aquel lugar. </p>
<p>Mas allá estaban sentadas tres parejas, conversando mientras dos de los pibes parafinaban las tablas que habían elegido para las olas de las dos de la tarde, de entre el impresionante quiver que descansaba sobre la arena. Ninguno pensaba usar leash.</p>
<p>Sus amigos arrancaron para la red de volleyball donde pretendían incorporarse al partido que se estaba organizando. Alguno le preguntó si se sumaba, y con desgano respondió que no, gracias. </p>
<p>El quedarse solo lo condenó a media hora de cuidar las cosas, a otra media hora lejos del agua. Se puso la remera, fumó el primer cigarrillo del día, y empezó a jugar con la cámara para pasar el rato. </p>
<p>Pero no lo soportó por mucho tiempo. El mirar a la gente a través del zoom, si bien lo protegía del azul violento que irradiaba el cielo limpio, lo acercaba demasiado a multitud. Y el silencio que dejaron sus amigos se llenaba de las conversaciones de las vecinas y del disco que seguía sonando en el chiringuito. El aire seco también lo alejaba de la orilla, del fresco y del ruido de los barriles que rompían más allá.</p>
<p>&#8220;Claro, más vale, andá tranquilo nomás, nosotras te miramos las  cosas.&#8221;</p>
<p>Trote, pique, ola, oscuridad, frío.</p>
<p>Cuando sacó la cabeza del agua se sentía infinitamente mejor. La temperatura corporal bajaba rápidamente, pero lo que más disfrutaba era el haber desaparecido. Se sabía un lunar en medio de la espuma. Totalmente invisible para el resto de la gente, y aún así, desde arriba de las olas gordas que rompían en la orilla, era capaz de seguir oficiando de Voyeur de aquella puesta en escena social.</p>
<p>Al salir del agua, agradeció a las vecinas, se puso los lentes oscuros, y se alejó unos pasos para secarse al sol mientras trataba de racionalizar esa sensación que ahora sentía ajena. Ese incómodo sentimiento de más temprano, de saberse parte pero sentirse aislado, de querer sentirse aislado, o de querer sentirse parte. Miraba el mar, los pibes de al lado bajaban las olas en el pico con evidente soltura. </p>
<p>El aire, ahora, lo refrescaba. </p>
<p>Sus amigos pasaron a su lado con la intención de mojarse un poco luego del volley. Él sabía que tardarían menos de dos minutos en volver. No le molestaba, pero para los demás el agua era solamente un elemento menor en el verano, mientras para él la arena casi sobraba. </p>
<p>Una promotora le alcanzó un flyer para una fiesta en otra playa, a la puesta de sol. En esa fiesta estaría fresco, no habría terral sino virazón, y el agua sería probablemente un cigarrillo recostado contra una columna, lejos de la luz, pero sería la misma cosa. La playa, el verano, tenían siempre esa mezcla de pertenencia y alienación. </p>
<p>No podía evitarlo, pero tampoco lo intentaba.</p>
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		<title>Violenta polución sonora (y consecuencia)</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Mar 2006 23:18:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>klv</dc:creator>
				<category><![CDATA[Secuencias de palabras]]></category>

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		<description><![CDATA[voy deleitándome con música suave en mis oídos. salgo a la calle y aumento el volumen por los fuertes sonidos externos que me perturban. subo a un ómnibus y el ruido no se detiene, se incrementa. un ómnibus enorme, con el motor y viejas chapas repiqueteando a gran amplitud. el conductor resulta fanático de una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>voy deleitándome con música suave en mis oídos.</p>
<p>salgo a la calle y aumento el volumen por los fuertes sonidos externos que me perturban. </p>
<p>subo a un ómnibus y el ruido no se detiene, se incrementa. un ómnibus enorme, con el motor y viejas chapas repiqueteando a gran amplitud. el conductor resulta  fanático de una radio en que hablan y hablan y hablan sin parar de decir boludeces. él cree que todos los pasajeros quieren escucharlo a máxima potencia. los parlantes se repiten aturdiendo gente a lo largo del bondi.</p>
<p>intento evadirlo subiendo mi música un poquito más. me dan ganas de bajarme pero me aguanto. ahí sube un vendedor ambulante que ofrece caramelos a viva voz, con los pulmones llenos de sabores dulces, una variedad interminable. </p>
<p>siento la bronca tiritar en mi interior mientras incentivo más los adminículos en mis orejas, pero no es suficiente.</p>
<p>en ese momento en el asiento atrás de mí se coloca una pareja discutiendo aparentemente un comportamiento equivocado de él. ella muy nerviosa grita en una frecuencia que me pestañea el ojo derecho. la situación se torna insoportable. desde afuera también se escuchan fuertes bocinazos. irrumpe un poderoso chirrido de goma contra el asfalto. se abren las puertas con un golpe, y el guarda, los pasajeros, y ofuscados desconocidos conductores intercambian puteadas a diestra y sinestra.</p>
<p>en un mar de rabia y confusión atino nuevamente a aumentar los auriculares y me explota la cabeza, provocando un sonido impresionante que yo no logro escuchar. </p>
<p>ya tampoco escucho el grito aterrado de las mujeres a mi alrededor.</p>
<p>entonces suspiro aliviado a través del agujero que me quedó entre los hombros.</p>
<p>ahora todo es silencio. y paz.</p>
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		<title>En papel amarillito</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Nov 2005 18:57:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier</dc:creator>
				<category><![CDATA[Secuencias de palabras]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace tiempo le dije en un comentario a Diego de Montevideano, que lo que leen en el blog, lo escribo siempre pensando en el blog, que no refrito otros textos, incluso la mayoría de las fotos del flog, en cierto sentido fueron tomadas pensando en el flog. El otro dia escribí lo que transcribo abajo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace tiempo le <a href="http://www.elabra.org/archivos/2005/06/arena-fria/#comment-951">dije</a> en un comentario a Diego de <a href="http://www.montevideano.com/">Montevideano</a>, que lo que leen en el blog, lo escribo siempre pensando en el blog, que no refrito otros textos, incluso la mayoría de las fotos del flog, en cierto sentido fueron tomadas pensando en el flog.<br />
El otro dia escribí lo que transcribo abajo, en mi ahora (desde Münster)  inseparable <a href="http://www.moleskine.it/ita/_interni/catalogo/Cat_int/catalogo_taccuini.htm">libreta negra</a>, y lo escribí porque lo precisaba, no para ponerlo acá.</p>
<blockquote><p>16-10-05 &#8211; Hamaca @ Casa &#8211; Sol &#8211; LHM &#8211; Café y Rayuela<br />
(que grafos de mierda)</p>
<p>Escribir interfiere. Leer y vivir exitan, generan, crean. El registrar todo eso en palabras corta, lastima ese proceso, destruyéndolo, pero esa destrucción me es indispensable para no sentirlo vacío, para no sentirme ¿solo? cuando hago una pausa en la lectura, en la vida.</p></blockquote>
<p>Sin embargo, luego, leyendo creo que a <a href="http://www.motoraway.blogspot.com/">sigmur</a>, o mejor dicho, los comentarios a un post de él, me di cuenta que las discusiones por escrito atemperan ese sentimiento, devolviendole a la dinámica lectura/escritura la condición de vivir sin detenerse, exactamente igual que discutir con amigos horas y horas entre cigarrillos y weissbier.</p>
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		<title>&#8220;We love surfers&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Sep 2005 04:16:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier</dc:creator>
				<category><![CDATA[Secuencias de palabras]]></category>

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		<description><![CDATA[Escondido detrás de los movimientos reflejos de encender un cigarrillo, lo observé estudiar mi expresión al hacerlo. Era raro sentirme el centro de una mirada, después de tantos días de interactuar con gente sólamente por razones sumarias. Seguramente en unos instantes vendría a decirme algo, es muy raro que alguien mantenga contacto visual porquesí en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escondido detrás de los movimientos reflejos de encender un cigarrillo, lo observé estudiar mi expresión al hacerlo. Era raro sentirme el centro de una mirada, después de tantos días de interactuar con gente sólamente por razones sumarias. Seguramente en unos instantes vendría a decirme algo, es muy raro que alguien mantenga contacto visual porquesí en aquel lugar. </p>
<p>No le di tiempo, me había detenido en esa esquina solamente para eso, por lo que continué mi camino hacia la plaza. Era ahí donde quería sentarme a fumar aquel incómodo sin filtro, escuchando al contrabajista y mirando pasar la gente. </p>
<p>La gente, y bueno, tal vez la temperatura del aire, era casi lo único que me atraía de manhattan por las noches. Los yanquis, a diferencia de nosotros y los europeos, no iluminan cosméticamente a los edificios, por lo que el protagonismo recae en los actores, dado el involuntario minimalismo de la escenografía. </p>
<p>Después de unos 15 minutos, y de una extraña y breve conversación con un negro obeso que me pidió unos dólares para comprar su medicina contra el sida, luego de decirme que a pesar de parecerle &#8220;straight&#8221; le parecía &#8220;cute&#8221;, y de que el cantante terminara todas sus botellitas de agua, enfundara su contrabajo y se fuera a casa con sus, calculo que 50 dólares, desandé mis pasos y volví a intentar perderme entre las callecitas del Village, sin suerte.<br />
Es casi imposible perderse en ese damero.</p>
<p>El ambiente era interesante. El semestre estaba por empezar y todos los estudiantes de la omnipresente NYU se reencontraban con amigos y lugares, aprovechando el calor que tanto echarán de menos en unos meses. Extrañamente no me sentí ajeno a ese humor colectivo. A pesar de que estaba participando simplemente como observador, y que dentro de 24 horas estaría ya rumbo a casa, la sensación de outsider que me asaltó por momentos, y siempre de improviso, me dio una tregua esa noche.</p>
<p>&#8220;We love surfers&#8221; escuché que decían, un segundo antes de entender que me lo decían a mi, con el objetivo de persuadirme de asistir a un student stand up commedy show, two drinks minimun, just one block away, begins in thirty minutes. Luego reparé en mi remera, y entendí por donde venía. Tomé el flyer y seguí caminando. </p>
<p>Esa noche no tomé el subte hasta chelsea. Caminé, vi como desaparecían primero los estudiantes, luego la gente, para, al cruzar una calle, la 16 calculo, encontrar a todos esos restaurantes atiborrados de gente y los pubs gay desbordantes de alegres parroquianos, hasta llegar al hostel, conversar por última vez con el último par de recién conocidos room mates (koreano y japonés, esta vez) y dormir la última noche en manhattan. </p>
<p>La única en que me costó conciliar el sueño de las 70 del viaje.</p>
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		<title>Alba</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jun 2005 23:26:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se despertó una vez más. Aún faltaban varias horas para que fuera sensato levantarse, además de precisar al menos una hora más de sueño, despertaría al resto, si es que no sufrían del mismo insomnio que él. Siempre le costaba dormir durante la noche previa a estas cosas. La ansiedad le jugaba las trampas de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se despertó una vez más. Aún faltaban varias horas para que fuera sensato levantarse, además de precisar al menos una hora más de sueño, despertaría al resto, si es que no sufrían del mismo insomnio que él. Siempre le costaba dormir durante la noche previa a estas cosas.</p>
<p>La ansiedad le jugaba las trampas de siempre con la percepción del tiempo. A pesar que la noche se le hacía eterna y llena de sobresaltos, estaba confiado que el descanso, por más breve y salteado que pareciera, terminaría bastando. Su lucidez del día siguiente así se lo indicaba en cada oportunidad.</p>
<p>Le llamaron, pero estaba ya despierto hacía unos dos minutos. Se dio cuenta que había pasado bastante tiempo desde su último período de vigilia solamente por el olor a café que emanaba de la cocina. Todavía no amanecía.<br />
<span id="more-328"></span></p>
<p>Cuando fue a desayunar, ese café que había provocado su acelerada comparecencia donde los demás, se le hizo poco. Extrañaba la leche para acompañarlo de una forma un tanto irracional. Es que eran esos detalles los que le recordaban porqué estaba ahí. La cascada de sentimientos de bronca y odio que surgían cada vez que notaba la falta de alguna frivolidad como aquella, le impedían acostumbrase a este nuevo estado de las cosas, y lo mantenían unido a esa gente propuesta a cambiarlo todo.</p>
<p>Siempre se reprochaba esa frivolidad. Envidiaba los motivos de los demás, el idealismo de Marcos, o incluso las ganas de Leticia de vengar a su hermano, le parecían infinitamente más legítimas que su racionalización de aquellos accesos de rabia egoísta, por más sesuda que esta fuera.</p>
<p>El viaje lo hicieron en silencio. Los debates y discusiones no tenían cabida en una madrugada como esa. Las interminables horas de reafirmación de ideales y motivos mediante la repetición incesante del discurso, maquillada con discrepancias superficiales, resultaban indispensables para soportar precisamente estos eventos, pero exigían una concentración mucho más verbal que ese estado de transe en el que caían al prepararse para lo que debían hacer.</p>
<p>Tampoco fueron necesarias muchas palabras para organizarse al momento de llegar al lugar determinado, escogido dos meses antes en aquella noche, tan distinta y distante de la de la víspera. En menos de cinco minutos todos estaban en su sitio; y cada uno sabía perfectamente lo que sucedería en cada momento de las próximas dos horas.</p>
<p>La espera duraría veinticinco minutos, que sumados a los cinco del despliegue conformaban la media hora de margen prevista, el máximo que podían permitirse. Esos veinticinco minutos de tensión, eran la prueba máxima para la voluntad de cualquiera. Eran veinticinco minutos donde lo único que podía interferir, eran las dudas personales, las grietas en la determinación. Pero él no tuvo ningún problema en sobrellevarlos. Un poco porque la tensión le impedía pensar en otra cosa, pero sobre todo porque estaba completamente convencido de lo que hacía, y de sus porqués.</p>
<p>Vio la señal. Se levantó y avanzó, empujado por eso que sólo alcanzaba a describir como un impulso que le salía de las tripas, le subía por la espalda, y que cuando llegaba a su cabeza le nublaba la vista, permitiéndole ver exclusivamente a su objetivo. </p>
<p>Lo siguiente que recordó, como todas las veces, fue su manga derecha empapada y caliente, mientras sentía cómo la persona que tenía firmemente sujetada, perdía todo viso de resistencia y comenzaba a deslizarse entre sus brazos, cayendo a sus pies. La energía que tanto se afanaba en describir se convirtió una vez más en aquella inexplicable pero inequívoca voluptuosidad. Esa que jamás pudo confesar y que lo alejaba para siempre de la redención. </p>
<p>Limpió el cuchillo en su pantalón y entró al edificio, el día acababa de comenzar.</p>
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		<title>Arena fria</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Jun 2005 16:49:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se vistió en la carpa, solo. Sus amigos ya no estaban cuando volvió de la playa, a donde había ido a darse el último baño de la tarde mientras el resto jugaba al fútbol. Nadar luego de la puesta de sol era una de sus actividades favoritas, de esas que definen el verano. Cuando llegó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se vistió en la carpa, solo. Sus amigos ya no estaban cuando volvió de la playa, a donde había ido a darse el último baño de la tarde mientras el resto jugaba al fútbol. Nadar luego de la puesta de sol era una de sus actividades favoritas, de esas que definen el verano.</p>
<p>Cuando llegó al carrito de todas las noches, lo estaban esperando con una cerveza, y la discusión acerca de los planes para el siguiente día. Él se mantuvo al margen, como hacía siempre que no se esgrimiera ningún argumento controversial  y el resultado de la conversación le fuera indiferente Tenía otras cosas en que pensar, y lo hacía. Para eso estaba de vacaciones.<br />
<span id="more-323"></span></p>
<p>Después de cenar, y de unas cuantas cervezas viendo y dejándose ver por los moradores eventuales del pueblo, decidieron, sin hablar, sin mirarse siquiera, que era hora de partir hacia el destino de esa noche, un pequeño bar sobre la playa. Recorrieron las laberínticas calles sin problemas. A pesar de la falta de luna y luz artificial, eran capaces de moverse por ese lugar como si hubieran crecido allí, aún siendo ésta su primer visita.</p>
<p>En el bar había la cantidad justa de gente. Afuera, algunas parejas se acurrucaban cerca del fuego, y dentro, la concurrencia conversaba animadamente mientras esperaba que la banda comenzara a tocar. &#8220;Uruguay no es un lugar para bares en la playa&#8221; pensó, &#8220;hay demasiada humedad, y muy pocas noches de calor&#8221;. Pero por alguna razón, igual sentía indispensable que aquello existiera, aunque no podía explicar exactamente porque.</p>
<p>Sus amigos ya estaban inventariando a las presentes, encontrando caras conocidas y calificando a las desconocidas. l se descalzó. Enterró sus dedos en la arena fría, encendió un cigarrillo y restringió su universo al ruido de las guitarras que empezaban  a sonar. </p>
<p>Y entonces la vio.</p>
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		<title>18:03:52</title>
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		<pubDate>Fri, 13 May 2005 17:57:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ap</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Estuvo todo el día gris. No se veía ni un color. Caía una llovizna cada tanto. Estuve todo el día buscando las palabras adecuadas para poner en el mail. Otra vez en la misma. Cansado de escuchar a mis amigos quejarse y decirme que abandonara. Yo sabía que ya había sido suficiente. Pero la ilusión [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estuvo todo el día gris. No se veía ni un color. Caía una llovizna cada tanto.</p>
<p>Estuve todo el día buscando las palabras adecuadas para poner en el mail. Otra vez en la misma. Cansado de escuchar a mis amigos quejarse y decirme que abandonara. Yo sabía que ya había sido suficiente. Pero la ilusión me cegaba, me nublaba la determinación, y este corazón obstinado parecía tener dominio absoluto sobre mí. 30 años y nunca había sentido así. Tenía que valer la pena.</p>
<p>Me fui a esa hora especial. Con la esperanza de encontrarla y que todo fuera soñado. Ya estábamos pasados de mail. Era bueno poder concretar el encuentro personalmente. </p>
<p>La casualidad generada, esa que tan increíblemente funcionó y me torturó en tantas oportunidades y en tantos distintos lugares durante los últimos meses, volvió a funcionar. El ascensor paró en el 7. Subiendo. Demoró varios segundos, y continuó hasta el 10. Ahí esperaba yo con Rock n&#8217;Roll de Led Zeppelin a todo trapo. La puerta se abrió y vi lo que yo ya sabía. Ella parada en el medio y algunas personas más. Dije hola, previo abatatamiento instantáneo. Bajé mirando el piso, marcando el paso con el pie. Sonriendo porque otra vez había funcionado. La conexión es indiscutible. </p>
<p>Abajo marqué la salida y salí. Pero ella se quedó adentro. Esperé. La noté nerviosa. Al fin decidió salir. Yo no oculté que la iba a encarar. Ella ya sabía. Antes que nada dijo algo que no entendí. Pero cortándome, con los ojos me pedía por favor que me fuera. Ahí no sé qué fue primero. Pero intenté mostrar la intención de vernos el fin de semana, cosa que ella sabía perfectamente que iba a hacer. Y repitió ahora más claro. &#8220;Me lleva mi jefe&#8221;. Inmediatamente apareció él y yo terminé de entender la situación. Entonces, sintiéndome de la forma más estúpida de todas las veces que me sentí estúpido a su lado, dije bueno, hablamos después. Y me fui caminando bajo la lluvia.</p>
<p>Ahora veo el mar desde el D1 y mis lágrimas saben a sal. Terminó de oscurecer. Ya no llueve. La rambla se ve mojada. Los botes y el reflejo de las luces del puertito a través de la niebla forman una postal inolvidable. Johnny Cash me canta One en los oídos. Cómo duele. </p>
<p>Sigue esa detestable ilusión peleando por hacerse oír. Tal vez mañana me manda un mail. Disculpándose y pidiendo para verme. Pero esta vez tiene que ser definitivo. Tengo que despertarme. Tengo que quererme un poquito más.</p>
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		<title>¡Che!,  sigamos por acá</title>
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		<pubDate>Sat, 19 Feb 2005 04:59:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier</dc:creator>
				<category><![CDATA[Secuencias de palabras]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay caminos que no deben emprenderse por tentadores que sean. Hay caminos que no pueden emprenderse, porque merecen ser transitados hasta el fin. Esos caminos solamente hay que seguirlos, si se tiene la convicción de no mirar atrás una vez comenzado el recorrido, si se es capaz de abandonar definitivamente todo lo que uno ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hay caminos que no deben emprenderse por tentadores que sean. Hay caminos que no pueden emprenderse, porque merecen ser transitados hasta el fin. Esos caminos solamente hay que seguirlos, si se tiene la convicción de no mirar atrás una vez comenzado el recorrido, si se es capaz de abandonar definitivamente todo lo que uno ya ha dejado atrás.</p>
<p>En cambio hay otros rumbos que por poco plausible que nos parezca la idea tomarlos, es seguro que algún día lo haremos. Por ahí uno se olvida, o pretende olvidarse,  y levanta la vista al horizonte con la esperanza de que cuando llegue la encrucijada, se nos pase inadvertidamente y ya nos sea imposible desviarnos hacia ese destino incierto, pero inexorable. Sin embargo, en cuanto nos cansamos de ese espejismo que es el futuro, caemos en la cuenta de que el momento de tomar la decisión sigue aproximándose, paso tras paso.</p>
<p>El problema es cuando esas dos metáforas hablan de exactamente lo mismo, y uno abriga la certeza de que se internará en uno de esos senderos, de los que sabe deben seguirse hasta que se terminan, sin importar lo duros que sean.<br />
Pero no sabe cuando, y no sabe cual será.</p>
<p>O si, lo sabe.</p>
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		<title>Drunken phrasal verbs</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Feb 2005 03:04:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier</dc:creator>
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		<description><![CDATA[start up go public fuck on get off fuck off move on]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>start  up<br />
go public<br />
fuck on<br />
get off<br />
fuck off<br />
move on</p>
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		<title>El paraguas en el taxi</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Feb 2005 16:58:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>javier</dc:creator>
				<category><![CDATA[Secuencias de palabras]]></category>

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		<description><![CDATA[Eran las seis de la tarde, o seis y media, no recuerdo exactamente. Lo que es seguro es que había llegado unos minutos antes de lo que habíamos quedado, cosa que me dio la chance de sentarme en la barra y tomar un whisky mientras te esperaba para cenar. Mientras pensaba en que decirte, o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Eran las seis de la tarde, o seis y media, no recuerdo exactamente. Lo que es seguro es que había llegado unos minutos antes de lo que habíamos quedado, cosa que me dio la chance de sentarme en la barra y tomar un whisky mientras te esperaba para cenar. Mientras pensaba en que decirte, o mejor dicho, en como decírtelo, me dediqué a disfrutar del clima de aquel sitio. Hace tiempo que no íbamos a un lugar como ese, y tal vez por eso debíamos hacerlo esa noche. </p>
<p>La madera oscura de las paredes absorbía, más que reflejaba, los últimos reflejos ámbar de la luz de otoño que entraba por las ventanas, pero que ya había visitado las del edificio de enfrente, ganando así unos tonos violáceos que delataban lo urbano de aquel atardecer. El pavimento aún mojado por la lluvia que había ambientado el resto del día, incrementaba la sensación de luminosidad, inusual para esa hora de la tarde.La gente hablaba bajo, probablemente para escuchar el piano y esa voz ronca con la que la morocha espesaba el jazz que bañaba el lounge del bar. Todos parecían tranquilos, aunque seguramente pocos lo estuvieran realmente. La paz interior no es fácil de mantener en esta ciudad, y setiembre no es un mes sencillo para nadie. Especialmente cuando el ya inminente fin de año no significa verano y vacaciones, sino nieve y cierres de año fiscal.</p>
<p>El MaitreâEUR~d interrumpió mi inusual aperitivo, según la costumbre yanqui, para avisarme que la mesa estaba pronta, miré la hora y vi que ya deberías haber llegado. Supuse, correctamente, que te habría retrasado el tránsito. Mis recomendaciones de no tomar un taxi a la hora pico nunca tuvieron efecto en vos. A pesar de vivir hace más de cinco años en la isla, no te acostumbrabas a tomar el subte cuando ibas bien arreglada. Ese era tal vez el único rasgo pueblerino que conservabas. Sonreí solo, detrás de toda tu sofisticación seguías siendo la misma. Ya sabía lo que iba a decirte.</p>
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